La playa es solitaria, y parece tan vasta,
tus pies al recorrerla recogen su frescura.
Y eternamente tuya se postra ante tus plantas,
en un mágico trance de sumisa hermosura.
Toda te pertenece la playa majestuosa,
todo lo que hay en ella, que dejó la marea,
le sirve de atavío, como real esposa,
que en el tálamo aguarda que su amor la posea.
Así la vida aguarda con rebozante de aromas,
que tus pies la recorran con suavidad de amante.
Y que poses en ella tus alas cual paloma,
que se tiende a la sombra del árbol refrescante.
Tómala poco a poco, ...¡ tiene tanto que darte!...
descúbrela por velo, no apresures tu paso...
Llévala en una danza que no la sobresalte,
para que no se escape fugaz entre tus brazos.
Mira,... Dios te la ha dado, consérvala hijo mío,
Haz de ella tu sueño, tu mas íntimo anhelo...
Tómala para siempre, hónrala con tu brío...
y entrégasela a Cristo en las puertas del cielo.
Cuando estés en sus manos, dásela cual tesoro,
que recogiste andando por las playas del tiempo.
Y si todo esto hicieres, yo, que tanto te adoro...
Te prometo hijo mío... ¡ volveremos a vernos!...