Donde quiera que vayas lleva siempre contigo
puesto el sol del verano como abrigo a tu piel.
Dos estrellas, un río, mucho verde, la brisa...
y un pedazo de cielo, por si dudas volver.
Donde quiera que vayas, nunca olvides la risa,
nunca olvides el llanto, nunca olvides la flor.
Porque son la reserva de los días de pena,
esos días tan grises en que falta el amor.
Yo podría decirte que en tu bolso de viaje
también pongas la luna, un reflejo de mar,
algún pájaro, un libro y también la esperanza
del viajero que ansía solamente viajar.
Nada mas necesitas, si es que debes marcharte,
todo cuanto te llevas puede hacerte feliz.
Sólo queda una cosa que quisiera pedirte...
Donde quiera que vayas no te olvides de mí.
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